DIGITOPUNTURA
La terapia zonal, los masajes de los pies, la reflexología y la
digitopuntura trabajan con los mismos principios que la acupuntura,
la
antigua terapia china que se basa en la creencia de que las
enfermedades
son causadas por un desequilibrio de la energía. En la acupuntura,
determinados puntos del cuerpo son estimulados mediante agujas, de
manera
que la energía bloqueada es liberada y dispersada.
En vez de emplear agujas, la digitopuntura usa técnicas de presión
con los
dedos para deshacer los bloques de energía y los depósitos de calcio
que
en situaciones de estrés se acumulan en el tejido muscular. La
presión con
los dedos es un método simple, seguro y extremadamente eficaz para
relajar
y liberar estos bloques.
En la actualidad, los reflexólogos trabajan principalmente con los
pies (y
algunas veces con las manos y otros puntos -meridianos- del cuerpo),
aplicando una presión constante y profunda con el pulgar o el índice
sobre
un área que comprende casi todo el pie y parte del tobillo. Al
localizar
un punto sensible en el pie, el reflexólogo puede determinar en qué
parte
del cuerpo existe un problema. Por regla general, la intensidad del
dolor
está en relación directa con la magnitud y duración del problema.
Cuando
se produce una mejoría de las funciones corporales, el punto
sensible del
pie deja de doler.
La reflexología hace maravillas con los pies. Puede utilizar técnica
en
usted mismo o trabajar en los pies de otra persona. Puede hacerse en
casa
o en la oficina. Un rápido masaje de diez minutos revitaliza el
nivel de
energía y le indica qué zonas del cuerpo no son tan productivas como
debieran serlo. El mapa de reflexología que se incluye en este tema
señala
los diferentes puntos de los pies y los órganos que se corresponden
con
ellos.
Cuando trabaje en sus propios pies, siéntese en una postura cómoda,
con el
pie derecho apoyado sobre la rodilla izquierda (puede empezar con el
otro
pie, si así lo desea). Si está trabajando en los pies de otra
persona,
haga que se siente cómodamente en un sofá o en el suelo, con las
piernas
estiradas y los pies rectos. Asegúrese de que tanto usted como la
otra
persona están cómodos. Sostenga el pie con una mano y utilice el
pulgar o
el índice de la otra para aplicar una presión constante, haciendo un
movimiento circular. Puede utilizar polvos de talco para absorber la
humedad de las manos y los pies. Comience aplicando la presión en la
parte
superior, los lados, la punta y la parte inferior del dedo gordo.
Trabaje
la planta del pie hasta llegar al talón.
Dé un masaje general a todo el pie, masajeando con los pulgares, y
note
los puntos sensibles. Si se experimenta dolor en un área
determinada, es
señal de que la zona correspondiente del cuerpo no está funcionando
de
manera correcta y conviene corregir la anomalía (consulte el mapa de
reflexología para ver las zonas correspondientes).
Observe el rostro de la persona en cuyos pies está trabajando para
descubrir señales de dolor intenso o de simple incomodidad. Reduzca
la
presión si hay mucho dolor, pero fíjese en los puntos dolorosos.
Cuando
haya terminado de trabajar los dos pies, repita el masaje
brevemente, para
liberar los nudos de los músculos. Si un punto resulta muy doloroso,
dé un
masaje en el área circundante. Recuerde que hay que trabajar
suavemente.
El masaje excesivo sobre estos puntos dolorosos puede ser
contraproducente
y más perjudicial que beneficioso. Sin embargo, puede trabajar estos
puntos en la próxima sesión de masaje. Vuelva a los dedos del pie y
trabaje el resto del pie hacia el talón. A continuación, trabaje la
parte
superior del pie. Mientras realiza el masaje, no olvide fijarse bien
en
los puntos dolorosos. Puede acabar la sesión masajeando y frotando
todo el
pie y el área del tobillo.