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CONSTELACIONES FAMILIARES.
Este enfoque Terapéutico Sistémico de
Bert Hellinger
se centra en el sistema familiar en conjunto, que denomina red
familiar. A esta red familiar pertenecen: los hijos y sus hermanos,
los padres y sus hermanos, los abuelos de ambas partes, a veces,
alguno de los bisabuelos, y todos aquellos que hicieron sitio para
otros en el sistema, por ejemplo, un primer marido o una primera
mujer.
En este trabajo terapéutico, los problemas cotidianos no tienen
importancia. Muchos comportamientos actuales de una persona no son
explicables desde su situación actual, sino que se remontan a
distintos sucesos en su familia de origen, es decir a vivencias de
sus padres o antepasados más lejanos. Hellinger ha descubierto en
muchos años de trabajo terapéutico, las leyes según las cuales se
desarrollan identificaciones e implicaciones trágicas entre los
miembros de una familia, leyes que define como Ordenes del Amor.
Un amor interrumpido o un movimiento frustrado hacia uno de los
padres puede desequilibrar a todo un sistema familiar; también
cuando hubo un miembro de la familia que murió tempranamente, o
cuando alguien fue excluido de la familia o se le negó la
pertenencia a la misma. Frecuentemente las consecuencias de estos
sucesos aparecen en generaciones posteriores causando trastornos e
incluso enfermedades en una persona.
Las constelaciones familiares revelan los enredos familiares
inconscientes a los que una persona que consulta se halla sujeta.
Esto permite restableciendo los Ordenes del Amor encontrar caminos
para liberarse de los enredos y configurar una imagen de solución,
que libera fuerzas curativas que raras veces se experimentan en
psicoterapia con semejante intensidad.
Este trabajo terapéutico no requiere la presencia de toda la
familia. Se trata de una terapia individual que se realiza en un
grupo de pacientes y terapeutas interesados. Una persona que quiera
configurar una constelación en relación a una cuestión determinada,
primeramente refiere su intención.
A continuación elige entre los presentes representantes para
aquellas personas que integran su sistema familiar actual o de
origen, incluyendo un representante para sí misma. Luego las
posiciona según su imagen interior en un lugar determinado sin hacer
comentarios. Este proceso se realiza de una manera centrada y
silenciosa. A continuación la persona que consulta se sienta y
observa el proceso.
El terapeuta comienza a preguntar a los representantes por sus
sensaciones y sentimientos en sus posiciones concretas. En este caso
lo único importante es la percepción que alguien tiene en el lugar
que se le asigna. No se trata de representar un papel ni de
reinterpretar una situación. Esta percepción y el conocimiento
profundo de las dinámicas del sistema guían al terapeuta. A través
de varios pasos intermedios, como el uso de frases curativas o ritos
del lenguaje corporal, el terapeuta forma una imagen de solución en
la que todos reciben el lugar correspondiente.
Se eliminan así los desórdenes e implicaciones sistémicas. La
necesidad de vinculación y pertenencia, el equilibrio entre dar y
tomar y el orden dentro del sistema son los factores claves. A veces
la persona interesada se integra en el proceso de solución, a veces
sólo se queda observando. Este trabajo alcanza las profundidades del
alma y requiere la cooperación atenta de todo el grupo. Este nuevo
ordenamiento permite que vuelva a fluir el amor en el sistema
familiar, poniendo en evidencia así el poder del amor y las fuerzas
que gobiernan los vínculos en la familia.
Estos talleres están dirigidos a aquellas personas interesadas en
trabajar con asuntos problemáticos de su vida, de su familia o
pareja. Aquellas personas que padezcan enfermedades graves, que
hayan sufrido repetidas experiencias de infortunio o deseen
enfrentar los hechos irremediables de su historia familiar.
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